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marzo 18, 2026

Abogados-Traductores VS Abogados-Intérpretes: El rol del abogado en el futuro

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Todos sabemos que el Derecho evoluciona conforme a la sociedad. Si nos ponemos a pensar cuál es el cambio más relevante de los últimos diez años, coincidiríamos en señalar a la Inteligencia Artificial. Y entonces es inevitable preguntarnos: ¿cómo va a afectar esto a nuestra práctica diaria?

Para desarrollar esta idea, quiero arrancar por una actividad que ya está sintiendo el impacto directo de la IA y que depende casi exclusivamente del uso que le da la sociedad: la traducción.

Cuando el texto se vuelve un mero trámite

La traducción, en su forma más básica, es convertir un texto de un idioma a otro para que pueda ser comprendido por más personas. Es una tarea que opera sobre lo escrito, donde lo que importa es que el mensaje se mantenga intacto. Por eso la IA afecta tanto a esta práctica: un traductor humano jamás le va a ganar a la máquina en velocidad, volumen y eficiencia cuando se trata de un simple trabajo de input y output.

Si lo pensamos bien, muchas de nuestras tareas en el derecho son exactamente eso. Redactar un contrato estándar, revisar actualizaciones de expedientes, reproducir normas de memoria, son tareas mecánicas. Si tu trabajo se reduce a ser un "traductor" que vuelca leyes en documentos, la realidad es que estás cada vez más cerca de ser reemplazado.

La Interpretación y sus límites a la IA

Ahora bien, existe otra práctica que suena parecida pero es totalmente distinta: la interpretación. El intérprete no trabaja sobre textos, trabaja oralmente en tiempo real, en el medio de una conversación entre personas que hablan idiomas distintos.

Entonces, ¿Por qué la IA todavía no pudo reemplazar al intérprete humano? Porque no se trata solo de traducir palabras. Una parte central es transmitir el mensaje teniendo en cuenta el tono de voz, las intenciones que no se dicen, los modismos culturales, el contexto de cada parte.

Y el abogado necesita exactamente eso. Idear estrategias, mediar entre partes, encontrar lagunas en el derecho y asesorar en situaciones donde la norma no alcanza a cubrir la complejidad del caso. Todo eso requiere una lectura del razonamiento humano que no se puede reducir a un algoritmo, el intérprete tiene que entender lo que está pasando detrás de lo que se dice.

En lingüística, esto se llama pragmática: la capacidad de interpretar el significado de un mensaje en su contexto real, no solo en su definición. La diferencia con la semántica es concreta. Por ejemplo, si en una audiencia de mediación una de las partes dice "vamos a ver qué pasa", la semántica entiende que es una expresión de incertidumbre. La pragmática, en cambio, puede leer en ese mismo enunciado una amenaza, una posición negociadora o simplemente una evasiva, dependiendo de quién lo dijo, cómo lo dijo y en qué momento del proceso se dijo. Esa lectura de contexto, de intención, de conducta humana, es exactamente lo que la IA todavía no puede hacer.

El problema de cómo estudiamos

A pesar de esto, seguimos formando abogados con una lógica de enciclopedia. La enseñanza del derecho todavía prioriza la memorización de normas y la repetición de procesos por encima del razonamiento crítico y el análisis estratégico. Si estudiamos para competir en volumen de información, ya fuimos reemplazados.

Incluso, en algunos casos, se usa IA para redactar alegatos completos o para justificar argumentos con jurisprudencia que el sistema directamente inventó, sin ninguna revisión humana. Eso no solo genera desconfianza en jueces y abogados, sino que distrae de la discusión que realmente importa: cómo vamos a formar a los profesionales del derecho que el contexto actual necesita.

Hacia un derecho más humano

Cuando automatizamos el trabajo mecánico no estamos ante el primer paso del reemplazo del abogado, estamos ganando tiempo y energía para las tareas que son inherentemente humanas. El abogado tiene que dejar de ser una enciclopedia que repite y aplica lo que estudió y pasar a ser un ingeniero de soluciones en conflictos complejos; en lugar de que un litigio simple dure 5 años solo porque la IA aplica y sigue la norma procesal, el abogado-intérprete puede diseñar una negociación basada en intereses que no se pueden obtener con la simple lectura del expediente. La IA tiene que ser la herramienta que levanta las cargas pesadas de datos para que nosotros podamos enfocarnos en la estrategia. 

Si logramos esa transición, no estamos ante el fin del abogado sino ante su evolución. El primer paso es asumir que seguir siendo "Abogados-Traductores" ya no es una opción viable. Nuestro objetivo tiene que ser convertirnos en "Abogados-Intérpretes": profesionales que entienden un derecho social, complejo y vivo. Solo así vamos a poder enfocarnos en lo que verdaderamente importa, la justicia, la sociedad y el desarrollo humano.

Elaborado por: Santino Terracina

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