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enero 19, 2026

Actualmente, el concepto de formación académica de un estudiante de derecho debe ser comprendido y abordado sobre la base de un soporte elemental y estructural en las áreas de nuevas tecnologías, y en particular, de la inteligencia artificial. La enseñanza del derecho ya no puede concebirse de manera aislada de los avances tecnológicos que están transformando profundamente la forma en que se ejerce la profesión jurídica, se interpretan las normas y se presta acceso a la justicia.
Desde nuestra perspectiva institucional académica, las nuevas tecnologías no deben ser consideradas un complemento opcional, sino un soporte necesario, obligatorio y transversal en la formación jurídica del estudiante, presente desde el primer ciclo de estudios hasta el egreso. Esta transversalidad implica que la tecnología debe integrarse de manera coherente y progresiva en todo el plan de estudios, abarcando cada una de las áreas del derecho y todos los cursos que conforman la formación académica del futuro abogado.
El ejercicio profesional del derecho en la actualidad exige competencias que van más allá del conocimiento dogmático tradicional. Hoy, el abogado debe desenvolverse en un entorno profundamente tecnológico, donde el uso de herramientas digitales, sistemas de análisis de información, automatización de procesos y aplicaciones basadas en inteligencia artificial forman parte de la práctica cotidiana. En este contexto, el dominio de las nuevas tecnologías se convierte en un valor agregado fundamental, pero también en una habilidad vigente, necesaria y exigida por el mercado laboral y por el ejercicio responsable de la profesión.
Incorporar estas competencias tecnológicas en la formación jurídica permite que los estudiantes comprendan cómo las herramientas digitales pueden ser utilizadas de manera efectiva en cada disciplina del derecho, ya sea en el ámbito civil, penal, financiero, regulatorio, corporativo, laboral, administrativo, constitucional, entre otras materias. Esto no solo mejora la eficiencia en el ejercicio profesional, sino que también fortalece la capacidad de análisis, el pensamiento crítico y la toma de decisiones informadas.
No obstante, la incorporación de nuevas tecnologías en las aulas no debe limitarse a su uso instrumental. Un rol esencial de las escuelas de derecho es enseñar que estas herramientas deben ser aplicadas de manera utilitaria, eficiente y ética, siempre en beneficio de la sociedad. La formación jurídica moderna debe promover una comprensión crítica de la tecnología, enfatizando la responsabilidad profesional, la protección de derechos fundamentales y el uso consciente de la inteligencia artificial como un medio para mejorar la calidad del servicio jurídico.
En este sentido, el desafío de las facultades de derecho es formar profesionales capaces de integrar la teoría jurídica con las herramientas tecnológicas disponibles, generando soluciones más eficientes, accesibles y justas. Apostar por una formación jurídica con un fuerte componente tecnológico contribuye no solo al desarrollo profesional de los estudiantes, sino también a la construcción de un mejor sistema jurídico, con mayores niveles de eficiencia, transparencia y análisis crítico, en beneficio del país y de la sociedad en su conjunto.
Elaborado por: Franklin Leandro Herrera