1. Introducción: De la Alegría del Progreso a la Incertidumbre de la Autonomía.
1.1. Contexto Actual:
El fenómeno de la Inteligencia artificial ofrece oportunidades para un avance tecnológico sin precedentes, pero nos enfrenta a dilemas sobre el desarrollo de nuestras propias capacidades.
Robert Strenberg, propone una concepción de inteligencia triárquica, distinguiendo entre la inteligencia analítica, la creativa y la práctica, relacionadas con la capacidad de analizar, evaluar y juzgar la información, generar nuevas ideas, y resolver problemas cotidianos y adaptarse al entorno. Esta concepción, que bien puede relacionarse con la teoría de inteligencias múltiples de Gardner, se adapta fácilmente a la funcionalidad de la IA.
De esta forma, si quisiera hacer propia una definición de inteligencia podría decirse que es la capacidad de captar, procesar y analizar la información disponible para crear nueva y adaptarse a un entorno que está en constante cambio.
En este punto, me parece esencial subrayar el elemento cambiante del entorno ya que nos encontramos en un momento bisagra en el avance de la inteligencia humana, presentando el desafío de dar un nuevo salto en nuestra cadena evolutiva, estancarnos o perder capacidades adquiridas desde milenios atrás.
1.2. Planteamiento de la Tesis:
El mayor desafío de la IA no es técnico, sino filosófico y social. Se trata de descubrir cómo usarla para potenciar la inteligencia humana sin que esta pierda su capacidad de cuestionar y pensar de manera autónoma, con implicancia directa en el derecho de autor y en la forma en que enseñamos y ejercemos el derecho. La presente ponencia apunta a analizar la irrupción de la IA y su impacto en la inteligencia humana, con un enfoque en la creatividad y el pensamiento crítico. Asimismo, buscará plantear desafíos que nos guíen hacia una iluminación en esta fase de sombras cognitivas.
1.3. La Metáfora de la Caverna:
Todos alguna vez referenciamos la idea de la alegoría de la caverna planteada por Platón en La República. Imaginemos ahora una caverna donde hay prisioneros encadenados desde su nacimiento, estos solo pueden mirar al fondo de la cueva y detrás de ellos hay una fogata y un camino elevado por donde pasan personas. Estos prisioneros solo conocen las sombras proyectadas por la fogata, como es lo único que siempre han visto, es lo que perciben como la realidad. Al ser liberado uno de los prisioneros, en principio, se siente desorientado por la luz del sol, le cuesta entender que esas sombras que siempre vio eran sólo representaciones imprecisas de la realidad. Desea volver a la caverna, representando su zona de confort por ser aquello conocido. Sin embargo, poco a poco comprende que el mundo exterior es inteligible y que la realidad no es material, sino un concepto abstracto y complejo. El sol finalmente lo ilumina y le da sentido a las ideas. Luego, el prisionero vuelve a la caverna para comentarle a sus compañeros su descubrimiento, encontrándose con el rechazo de estos, que eligen confiar en la comodidad de su ignorancia.
En esta alegoría, Platon busca explicarnos que la realidad se encuentra en el mundo de las ideas y que el único camino para llegar a ese conocimiento es a través de la razón y el cuestionamiento de lo establecido.
En esta nueva era plagada de sombras, nos enfrentamos frente al peligro de que la humanidad las confunda con la realidad ya que si el ser humano se acostumbrara a tomar como cierto todo lo planteado por la IA, no solo perdería su capacidad de análisis, sino también su autonomía de pensamiento. Recordemos que la inteligencia humana no es solo la capacidad de procesar datos, sino también la de cuestionar, discernir la verdad de la falsedad y construir su propia concepción del mundo que lo rodea. Para evitar que la IA se convierta en esa pared donde vemos reflejadas las sombras, debemos apuntar a un enfoque regulatorio y social basado en el pensamiento crítico.
2. El Derecho de Autor y la Ética de la Creación Humana
2.1. El Conflicto Legal:
Entre los debates doctrinarios que trajo la IA, en materia de derecho de autor nos encontramos con el interrogante de si el producto generado por la IA puede ser considerado una obra derivada o ni siquiera alcanzar tal carácter (llamado por algunos juristas como un “mero objeto generado”), el mayor cuestionamiento suscita en considerar que la creación realizada con inteligencia artificial adolece del carácter humano, por lo que se la excluye de la definición del concepto de “obra”. Esto pone de manifiesto que nuestras leyes, creadas para el intelecto humano, son insuficientes.
Frente al debate sobre qué esquema regulatorio es el apropiado en el contexto del rol de la IA en el derecho de autor, resulta inevitable plantearse si no ha llegado la hora de redefinir el concepto jurídico de “obra” (que en nuestro país data de 1933) para adaptarla a las nuevas formas de creación del humano, valorando la intención, la creatividad y el juicio humano, elementos que la IA no puede replicar.
Claro está que perseguir la regulación de este fenómeno bajo el sistema tradicional conlleva a una demora tan significativa que la regulación alcanzada quedaría nuevamente obsoleta frente a los avances posteriores. El desafío del marco regulatorio es que sea lo suficientemente ágil y amplio para adaptarse fácilmente a la velocidad del crecimiento tecnológico.
Podríamos plantearnos la posibilidad de que la regulación esté marcada por fuentes de derecho alternativas y que exigen menos rigor como son los usos y las costumbres. Sectores doctrinarios plantean un esquema de licenciamientos entre las empresas generadoras de IA y los titulares de derechos, lo cual ya se está encaminando, pero para otros sectores de la doctrina podría ser solo un “parche” a la crisis legislativa que enfrentamos.
La realidad es que la naturaleza global de la IA hace que la regulación aislada a nivel nacional sea insuficiente. Es crucial que los Estados y las organizaciones internacionales colaboren para establecer un marco normativo común ya que resulta fundamental la creación o adaptación de tratados internacionales que abordan la propiedad intelectual al contexto de la IA, estableciendo principios básicos sobre la autoría, el uso de datos para el entrenamiento de modelos y la responsabilidad.
2.2. La Fuga de la Inteligencia Humana:
Desde una perspectiva del derecho de autor, nos encontramos con un punto crítico de debate en el uso de la IA para la creación artística, manifestando la preocupación de que el excesivo uso de esta en el proceso creativo lleve a una pérdida de la capacidad humana de crear por sí misma, un proceso clave para la inteligencia.
Al respecto, merece considerarse que el proceso creativo no se limita a la ejecución de tareas, sino que se compone de toda una serie de actos complejos vinculados a características esenciales humanas. Empezando por esa chispa que enciende la idea original, concebida a partir de las experiencias o emociones humanas, para luego darle un agregado de valor a través del juicio crítico y estético que definen el mensaje a transmitir y qué elementos adoptar para hacerlo, hasta la resolución de obstáculos o bloqueos creativos de forma innovadora, que ha llegado a ser el origen de movimientos artísticos de vanguardia o disruptivos.
2.3. La creación y la ejecución por analogía:
Imaginemos a un productor musical que concibe una canción completa con todo lo que conlleva la estructura, con una visión artística clara que define el concepto total de la obra. Para materializar su idea, contrata a músicos sesionistas para ejecutar las melodías y ritmos que él les indica, beatmakers para crear la base rítmica siguiendo sus instrucciones y estilo, y a ingenieros que se encarguen de la mezcla y masterización, asegurando que la obra suene como él lo ideó.
En este escenario, resulta claro que el productor es el autor de la obra porque su autoría no se basa en la ejecución física de las tareas, sino en el proceso creativo de concepción, dirección y toma de decisiones artísticas. Los demás son intérpretes, ejecutantes o colaboradores que materializan su visión.
Ahora, si trasladamos esta analogía a la era digital, podremos ver que la Inteligencia Artificial asume el rol de los músicos sesionistas, los beatmakers y los ingenieros de sonido. El productor es quien formula el prompt, selecciona los datos de entrenamiento, define los parámetros estéticos y guía el proceso para que la IA genere el resultado, pero este sigue siendo el creador de la idea original y el director de la visión artística.
La IA, en este caso, no es más que un "ejecutante digital" que, con una velocidad y precisión más eficiente, traduce la visión del productor en un producto final. De esta forma, su contribución es puramente instrumental.
El punto central es que, aún frente a estas nuevas circunstancias, el derecho de autor debe seguir protegiendo la inteligencia humana que concibió y dirigió la obra. Si bien la IA puede realizar la ejecución, la autoría reside en el juicio creativo que la guía, lo que nos permite aprovechar el poder de la tecnología sin sacrificar la esencia del ser humano como verdadero creador.
3. La Universidad como Faro en la Caverna Digital.
3.1. El Rol de la Enseñanza del Derecho:
El derecho, junto a la medicina y la teología, constituye una de las profesiones más antiguas de la historia, cuya enseñanza data desde el siglo XI en la Universidad de Bolonia.
Las bases de nuestra enseñanza, aunque constituyan sostenes éticos y morales para la unidad social, tienen una tendencia retrógrada que se desprende de su propia naturaleza. Es que el derecho se dedica a regular conductas humanas para atender a las necesidades que surgen a raíz del despliegue de esa conducta, pero para llegar identificar aquellas necesidades, primero deben manifestarse las conductas detonantes y sus respectivas consecuencias. Es así que el derecho siempre llega tarde, cuando la necesidad ya ha alcanzado su cúspide. Y llegará cada vez más tarde debido a la aceleración de los cambios sociales con el impacto de la tecnología.
Frente a los cambios drásticos que trajeron los nuevos desarrollos tecnológicos, se ha evidenciado que todo el derecho deberá reformularse para adaptarse a la nueva necesidad imperante, que es la celeridad.
Ante a este contexto, nos encontramos con la problemática de que los jóvenes estudiantes ya no se toman el tiempo de sentarse a leer la bibliografía por horas, ni mucho menos a hacer análisis de derecho comparado, los trabajos de investigación quedaron completamente obsoletos porque el alumnado tiene una herramienta que puede resumir cualquier texto en cuestión de segundos, extraer las ideas principales, responder guías de preguntas e incluso establecer relaciones entre ellos.
Pero si abordamos esta realidad como un problema en lugar de un desafío solo estaremos renegando algo que no está en nuestro poder detener y que nunca lo estuvo porque el proceso evolutivo funciona como una línea de tren: se detiene en todas las paradas, pero no espera a nadie, lo abordamos a tiempo o nos quedamos esperando al siguiente, pero ya iremos con atraso porque perdimos el primero.
Desde esta perspectiva es que debemos encontrar la motivación para formar a los futuros abogados, debemos darles la oportunidad de abordar ese tren. Pero eso no sucederá con la misma formación académica que recibimos nosotros, debemos enseñarles a navegar esta nueva realidad. No se trata de enseñarles cómo usar la IA porque ellos ya lo saben, sino como cuestionarla y auditarla. Los estudiantes deben desarrollar el pensamiento crítico para que no acepten sin cuestionamientos la información proporcionada. La IA debe ser vista como una herramienta que presenta datos y perspectivas, pero el juicio final, el análisis ético y el razonamiento complejo deben seguir siendo prerrogativas humanas.
Asimismo, deben potenciar la creatividad y el pensamiento estratégico, la capacidad de formular preguntas originales, conectar ideas, planificar, arribar a soluciones. De un adecuado entrenamiento de la IA puede surgir un feedback que permita al humano también aprender de ella y expandir sus capacidades. Debemos introducir el uso de la IA en la formación profesional para que la próxima generación de colegas esté adecuadamente adaptado a este fenómeno y pueda contribuir para ponernos al día con nuestras deudas regulatorias.
3.2. El Abogado del Futuro:
A esta altura, ya resulta orgánico reconocer que el rol del abogado podría aceptar el desafío de ser un asesor, defensor, funcionario judicial y mediador, así como evolucionar para convertirse en un "ingeniero en prompts" para ejercer todas estas funciones, ya que la habilidad de dar los comandos correctos se vuelve fundamental. No obstante, corresponde recalcar que esta evolución sólo es viable si el abogado mantiene un sólido razonamiento ético y pensamiento crítico, que son esenciales para ejercer el criterio y la responsabilidad.
La aplicación de la IA en el ámbito jurídico, si se realiza con responsabilidad y cautela, podría ayudar a optimizar el tiempo y los resultados, automatizando tareas que nos demandan tiempo y esfuerzo para que podamos centrar nuestras energías en el razonamiento y análisis. Por ejemplo, al comandar a la iA realizar un análisis del estado de la prueba de un expediente, tendremos más tiempo para realizar los alegatos y con un panorama más claro sobre la prueba producida por cada parte.
Redoblando la apuesta, si logramos entrenar la IA para aprovechar al máximo sus capacidades, podríamos potenciar nuestro rendimiento. A título ilustrativo, si sometemos a consideración de la IA la predicción del resultado de un caso, podríamos abordar la estrategia de defensa considerando esa predicción de todos los posibles resultados con una precisión mayor.
Como se viene sosteniendo a lo largo del presente, la IA no puede replicar todas las habilidades humanas: puede simular empatía, pero no puede experimentarla; puede identificar patrones en los datos, pero no puede discernir lo que es moralmente correcto o justo en situaciones complejas. El razonamiento ético y la toma de decisiones con valores intrínsecos son habilidades exclusivas del ser humano.
La adopción de la IA deben ser un acto consciente para que la tecnología complemente nuestra inteligencia, en lugar de reemplazarla. El objetivo es que la IA sea un catalizador para una nueva era de pensamiento humano, liberándonos de las tareas repetitivas para poder enfocarnos en lo verdaderamente complejo y creativo.
3.3. Promoción del Diálogo y la Crítica a Nivel Internacional:
En ilación con lo expuesto anteriormente es que se defiende la premisa de que la educación debe fomentar el debate, la argumentación y el diálogo, elementos que nos permiten escapar de la "caja negra" de la IA y construir una comprensión colectiva y autónoma.
Debemos fomentar tanto a nivel interno como en la esfera internacional la formación sustentada en la apertura al diálogo y debate. La cooperación internacional jugará un rol clave en el desarrollo del Derecho. El intercambio de experiencias entre países es vital para evitar la fragmentación regulatoria que podría obstaculizar la innovación y el aggiornamiento.
4. Propuestas para una Regulación que Fomente la Inteligencia:
4.1. Regulación por Principios y Análisis de Riesgo: Reconociendo la importancia de la IA en la innovación tecnológica, pero consagrando el respeto hacia la propiedad intelectual, el derecho de autor y la inteligencia humana, surge la necesidad de formular una propuesta de modelo de transición que nos deje una ventana abierta a las necesidades que surgirán en el camino de la evolución tecnológica, que seguirá siendo incierto (y probablemente nunca deje de serlo)
Frente a la dicotomía sobre la regulación de la IA, traigo una propuesta regulatoria más abierta, flexible y adaptable. En lugar de normas detalladas que se vuelven rápidamente obsoletas necesitamos un marco regulatorio que se base en principios éticos como la transparencia, la rendición de cuentas, la responsabilidad, la equidad y que sea proporcional al riesgo de cada aplicación de IA.
Claro está que no toda IA es igual, así como no toda forma de uso representa el mismo riesgo, por ejemplo, no es lo mismo la utilización de una IA en la predicción del clima que en la toma de decisiones judiciales o en seguridad y armamento. Bajo este contexto, deben establecerse protocolos de protección nivelando el riesgo
La colaboración multisectorial jugará un rol clave, ya que resultará necesaria la intervención de expertos en ética, juristas, ingenieros, docentes, analistas y demás representantes de la sociedad civil en la creación de estos protocolos a fin de evitar sesgos.
Estos protocolos deben garantizar la transparencia y claridad de los sistemas de IA, fomentando procedimientos de auditoría por terceros independientes, especialmente en sistemas de alto riesgo, a fin de evaluar la equidad, seguridad y fiabilidad del sistema, así como desarrollar reglamentos de responsabilidad para los desarrolladores, programadores y operadores.
4.2. El Cuestionamiento como Pilar Legal:
Sin perjuicio de los planteado anteriormente, la mejor defensa de la preponderancia humana es la concientización y la promoción de la inteligencia humana. En este sentido, nos vemos desafiados no solo a adaptarnos a un nuevo entorno cambiante, sino también a desarrollar nuestras habilidades únicas: la creatividad, la empatía, el pensamiento crítico y razonamiento ético. La IA no debe ser un sustituto de nuestra inteligencia, sino un complemento, pero para eso, debemos comprender sus alcances y limitaciones.
El cuestionamiento permite no solo entender y desafiar la información, sino darle un nuevo sentido para adaptarla a las necesidades del entorno. La regulación debe instar a los sistemas de IA de alto impacto a ser claros, transparentes y explicables, permitiendo que el ser humano pueda entender y cuestionar el proceso que llevó a una decisión para revisar su contenido, formular correcciones, redirigir el sentido y brindar nuevos comandos que se adecuen a su fiel criterio.
5. Conclusiones:
Evolucionar la Concepción del Derecho, Protegiendo la Inteligencia Humana: La IA nos obliga a repensar nuestra concepción del derecho y la forma en que lo enseñamos. La regulación debe enfocarse en la protección de la inteligencia humana, fomentando el cuestionamiento y la autonomía de pensamiento.
La respuesta no está en detener el progreso, sino en lograr un balance y adaptar nuestras instituciones (incluidas las universidades) para que puedan seguir el ritmo evolutivo del ser humano y la tecnología. La IA es una poderosa herramienta, pero su valor reside en lo que nos permite hacer, no en lo que hace por nosotros. El verdadero progreso se medirá por nuestra capacidad para utilizarla sin dejar de ser los verdaderos autores de nuestra propia realidad.
Elaborado por: Margarita Jeandet