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septiembre 15, 2026

Los derechos de los hijos deben protegerse: Una guía para los padres al separarse

Juztina 04

Cuando una pareja con hijos se divorcia, la pregunta entre ellos no debería ser quién es el mejor padre, sino qué decisión permite que sus hijos tengan las mejores condiciones posibles para desarrollarse, crecer, estudiar, alimentarse, sentirse seguros, mantener vínculos familiares sanos y construir su propio proyecto de vida.
En México, durante 2024 se registraron 161,932 divorcios, de los cuales el 44.1 % involucró al menos a una hija o hijo menor de edad, detrás de cada cifra existe una historia familiar, y en muchos casos, existe también un menor que no decidió que sus padres dejaran de ser pareja.


En la separación de pareja, los padres comparten la idea de que, al iniciar un litigio familiar que involucra menores, es simplemente para demostrar quién es mejor padre o quién tiene las mejores posibilidades sobre el otro, pero, en el Derecho hay algo que importa aún más y es el interés superior de la niñez. El principio de interés superior de la niñez es un principio que obliga a que toda decisión, ley o acción de las autoridades y de la sociedad priorice de forma primordial el bienestar, el desarrollo integral y la protección de los derechos de los menores.


En México, el interés superior de niñas, niños y adolescentes tiene fundamento constitucional en el artículo 4o constitucional y forma parte del marco de protección de derechos de la infancia, por otro lado, la UNICEF identifica, además, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y diversos ordenamientos nacionales como parte del marco jurídico que protege este principio, pero hablar de “interés superior” no significa simplemente afirmar que queremos lo mejor para un menor, también significa preguntarnos, qué decisión permite proteger de manera integral sus derechos.


Un menor necesita alimentación, vivienda, vestido, atención médica, educación, seguridad, estabilidad emocional, identidad, vínculos familiares, protección frente a la violencia y oportunidades para desarrollar sus capacidades.


Por eso, cuando una pareja se divorcia, el análisis no debería reducirse a: quién es mejor, ¿Mamá o papá?, sino ¿En qué condiciones familiares el menor puede desarrollarse mejor? Las discusiones sobre custodia parecían plantearse como si el objetivo fuera encontrar al progenitor “ganador”, pero la guarda y custodia no es un premio.


La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha establecido que el interés superior de niñas, niños y adolescentes debe ser el criterio rector para determinar la guarda y custodia, incluso existe jurisprudencia que señala que ese interés constituye el límite y punto de referencia último de esta institución. Los hijos no son propiedad de sus padres, son personas titulares de derechos y esos derechos no desaparecen porque sus padres hayan decidido separarse, por eso, un litigio familiar que involucra menores debe analizar cuestiones mucho más profundas como: ¿Quién puede garantizar una alimentación adecuada?, ¿Quién puede proporcionar una vivienda segura?, ¿Existe violencia?, ¿Hay estabilidad emocional?, entre otras.

Es importante hacer conciencia a los padres al momento de involucrarse en un conflicto familiar, ya que la forma en que los adultos gestionan la separación puede influir significativamente en la experiencia y el bienestar de sus hijos, hay divorcios en los que los padres dejan de ser pareja pero siguen siendo capaces de ejercer responsablemente su parentalidad y existen otros en los que la relación de pareja termina, pero el conflicto continúa y es usual que el menor reciba mensajes equivocados que no debería cargar, pues se convierte en el mensajero de la madre, en el juez del matrimonio, en el testigo del padre; siendo utilizado para castigar al otro progenitor y justamente esa actitud es contraria de aquello que el interés superior de la niñez pretende proteger.

Las niñas, niños y adolescentes no son simples objetos de protección, son sujetos de derechos. La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce su derecho a expresar su opinión en los asuntos que les afectan, tomando en cuenta su edad y madurez; UNICEF México ha señalado este derecho como parte de los principios fundamentales de la Convención; es decir, los menores también, sienten, necesitan, se preocupan, se sienten inseguros y tienen deseos para su desarrollo en la vida, incluso la Suprema Corte ha sostenido que la determinación de la guarda y custodia debe construirse desde el interés superior de la niñez y no desde los intereses particulares de los adultos. No es correcto decir que un niño necesita convivir de la misma manera con ambos progenitores, ya que cuando existe violencia, abuso, peligro o alguna circunstancia que pueda poner en riesgo sus derechos, la convivencia puede requerir restricciones.


El objetivo no es conservar la apariencia de una familia tradicional, el objetivo es proteger a los hijos, porque el Derecho mexicano no busca preservar una familia únicamente por su forma, sino garantizar que niñas, niños y adolescentes puedan desarrollarse en condiciones que respeten su dignidad y sus derechos.
El interés superior de la niñez nos obliga a cambiar la perspectiva. Un litigio familiar no debería convertirse en una competencia entre adultos para demostrar quién merece más a sus hijos, sino en un espacio donde se determine qué condiciones permiten garantizar de mejor manera sus derechos.


Y esas condiciones no se limitan a quién tiene una casa más grande, quién gana más dinero o quién puede presentar más pruebas en un expediente, también implican estabilidad, educación, alimentación, vivienda, salud, seguridad, afecto, tiempo de calidad, vínculos familiares y, sobre todo, la posibilidad de crecer sin cargar con un conflicto que pertenece a los adultos.


Los padres tienen derecho a terminar su relación, a defenderse, a reclamar alimentos, custodia, convivencia y todo aquello que legalmente les corresponda, pero sus hijos también tienen derechos, y estos no pueden convertirse en una herramienta de negociación, presión o venganza.

Por eso, quizá la pregunta más importante que deberían hacerse los padres antes, durante y después de un divorcio es: ¿Qué necesita mi hijo para estar bien?, ya que, para el Derecho mexicano, una niña, un niño o un adolescente es una persona titular de derechos, cuyo desarrollo merece una protección reforzada y cuando los adultos olvidan esto, el conflicto puede convertirse en una vulneración de derechos.


El verdadero éxito de un litigio familiar no debería medirse por quién obtuvo la custodia, quién ganó el juicio o quién consiguió tener la última palabra, debería medirse por algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más importante:
Qué decisión fue la más adecuada para que los hijos puedan seguir desarrollándose en un ambiente sano, aprendiendo, sintiéndose seguros y construyendo su propia vida sin tener que elegir entre las personas que aman.

 

Elaborado por: Lorena Flores

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